Fragmento
El ruido de la lluvia contra el bosque ensordecía; este, por su parte, continuaba impertérrito su camino por entre arbustos espinosos, árboles atiborrados de líquenes y barbas de viejo colgantes.
Poco a poco la lluvia fue menguando sin desaparecer por completo. Pero el corazón del humano no pudo llenarse de esperanza porque entonces el ruido de la lluvia cedió al ruido visual de la niebla. El verde casi blanco de los líquenes y de las barbas de viejo daba tranquilamente paso al blanco translúcido de las nubes. Así pues, en medio de la fría neblina, aparecí yo tomando la forma de un árbol de gaque.
Texto completo en preparación para el archivo público.